La casa de Tokyo es un timo, eso sí, un timo muy bonito. El Museo de Arte Moderno de la Ciudad de París, sin encambio, es gratis, lo que es de agradecer en los tiempos que corren. A la salida de la pseudointelectualidad, jispio morbosamente el puente del Alma, donde las espichara o espichase la Leididí, y voy a hacer la compra (cosas mundanas). Entre mis productos estrella destacan un té de manzana que sabe a Play-doo, y un pimiento verde que compré porque me gustan los colores y dármelas de cocinitas.
Más antes, en el rastro de Clignancourt, un señorín tendero se regateó a sí mismo y me vendió una camisola de colores de esas de ser jipi en verano (deporte que practico y recomiendo) a un precio más que módico.
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