Nada te turbe, nada te espante (aviso para vagos indecentes como una servidora):
Si eres de ese tipo de gente que prefiere que las novelas estén divididas en capítulos (cuanto más cortos mejor), que lee primero los artículos cortos y luego ya si eso los largos empezando, eso sí, por los pieces de foto y las citas aleatorias en negrita que pertenecen a ese mismo artículo y sirven para llenar los espacios en blanco, no te asustes por la longitud inusual de esta entrada; se trata, como siempre, de un conjunto de párrafos inconexos. De hecho se puede empezar a leer por cualquier sitio, lo cual me hace plantearme un futuro profesional como escritora de libros de la serie “elige tu propia aventura” o de un manual que lleve por título “Cómo no escribir buenos textos en castellano”.
El Pakito es un bar de tapas de Bastilla que parece barato pero no lo es y a la hora de pagar hasta a los más parisinos se le pone un nudo en la garganta. En las paredes hay ikurriñas, carteles de las fiestas de Bayona en los que se anuncian “grandes corridas”, y un toro de osborne/pizarra al que le han escrito “bolitas” en las ídem. En la mesa, cuatro jarrillas de sangría cuyo tamaño es inversamente proporcional a su precio, aunque directamente proporcional a su calidad, morcillá de Burgós, pimientos cortados al tamaño exacto para que se te queden entre los dientes, y pulpo de bote (chocho morenote). Alrededor de la mesa venimos a celebrar un grupo variopinto de 10 personas (seis españoles y cuatro franceses) que hablan sin parar de diez temas distintos a la vez (uno por persona). La “soirée espagnole” termina a la francesa: a las 12:15, porque, como todo el mundo sabe (?), los sábados hay clase en el ISIT...por suerte los guiris no tenemos esos privilegios.
A mi lado en el metro hay un chico que lleva un carcaj que, además de ser un artículo de primera necesidad si te apellidas Hood o Tell, es una palabra muy bonita que casi nunca tenemos la oportunidad de decir. Carcaj, carcaj, carcaj.
Por suerte, mis palabras preferidas en francés son bastante corrientes, lo que tiene bastante lógica, porque si no fueran corrientes no las conocería ni de coña. “Cogner”, por cierto, significa golpear; creo que “escoñarse” tiene la misma raíz, del latín “cognare”. Pero a lo que iba, mi lista provisional de palabras preferidas:
-“Trottoir”(tgotuag), que suena de lo más ortopédico, a la par que caballístico.
-“Quoi”(cua), que tiene el encanto adicional de atraer a los patos.
-“Carré”(cagué, jijiji) que nunca dejará de hacerme gracia dado mi humor preescolar de cacaculopedopís
-“Barbe à papa”(bagbapapá) (la frecuencia de uso de esta locución que significa algodón de azúcar es bastante discutible)
En París, como en Flekke, llueve 10 días a la semana, pero el sol brilla los sábados. Sinencambio, la población de París en estos sábados soleados es varios millones de veces superior a la de Flekke, en número, se entiende, porque también es varios millones de veces menos cívica. Aprovecho para pasear cara al sol con la camisa de ayer. Me pongo mi semblante de no ir a ningún sitio, que no pega mucho con mi paso de llegar tarde a todos, y los auriculares en la oreja que marcan las letras L y R y son , respectivamente Laizquierda (como bien indica la “L”) y la derecha, por descarte. Mi canción favorita del día es “I dig love” de Yorch Jarrison, “el hijo del alfarero”, para seguir con el tema de la etimología.
Yastá.
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